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La deseperación de la soledad

En Tórtoles tiene la Reina ocasión de comprobar cuán completa es su soledad.
Acompañado de vistoso y brillante séquito, Don Fernando llegó ante el palacio donde le aguardaba su hija y donde él debía alojarse. El séquito estaba, en efecto, formado por todos los Grandes de Castilla, que hasta el día anterior figuraban en el cortejo de la Reina y que ahora se habían apresurado a abandonarla para hacer la Corte a Fernando. El arzobispo de Toledo, el Condestable, el marqués de Villena, hasta el obispo de Málaga, en el que Juana creía tener un amigo de toda confianza, aparecían ahora formando parte de la comitiva del Rey. Sólo le quedaron sus damas.

Arcos es el siguiente lugar clave de este triste viaje. Foto Miguel Moreno Gallo. guiarte. Copyright

Doña Juana debía de estar ya cansada de luchar contra todos. Por eso, y por el respeto que en el fondo sentía por su padre, la Reina cedió finalmente la Regencia de Castilla a Don Fernando... aunque la capacidad de decisión en última instancia era de ella.

Ocupada Burgos por las tropas de Don Fernando, éste convenció a su hija de la necesidad de trasladar la residencia real a una ciudad de mayor importancia. La Corte se puso en camino, y el féretro con los restos de Don Felipe, también.

Pero cuando Doña Juana supo que la meta del viaje era Burgos, se negó a dar un paso más. Se negaba a entrar en ninguna ciudad con murallas y castillo, porque sabía bien que no estaría a salvo. Su padre se somete y la deja, rodeada de gente de su confianza, en la pequeña villa de Arcos, en la proximidad de Burgos, mientras él sigue hacia esa ciudad con el resto de la Corte. En Arcos empieza para Juana su último período de paz y en compañía de sus dos hijos nacidos en España, Fernando y Catalina, de su pequeña Corte y de su Felipe El Hermoso, para quien sigue esperando mejor momento para llevarle a Granada.

No se hablaba ya una palabra de la locura de Juana. ¿Ya no lo estaba o ya no era necesario convencer a nadie de su demencia? Nadie piensa en recluirla, y Juana, por primera vez, no demuestra ninguna prisa en reanudar su peregrinación a Granada.

En Arcos continúa depositado el féretro de Don Felipe. Doña Juana, mientras espera pacientemente a que su padre restablezca el orden en Andalucía, se limita a hacer decir misas diariamente por el alma de su amado y desaparecido marido, cumpliendo el testamento de éste, aunque la mayoría de veces ni siquiera asiste.

Así transcurrieron para la Reina casi nueve meses de paz y sosiego.

En Andalucía, sin embargo, volvieron a levantarse voces a favor de Doña Juana y en contra de Don Fernando. Se pide incluso que la Reina vuelva a casarse, lo cual hizo temblar a Don Fernando porque la historia volvería a empezar de nuevo y perdería la regencia de Castilla. Ante la posibilidad de que los Grandes de Andalucía puedan presentarse ante la Reina, Don Fenrando decide que debe ser trasladada de Arcos a una plaza fuerte, donde se halle bien guardada y no pueda comunicarse con nadie. La plaza era Tordesillas, cerca de Valladolid.

Doña Juana no se dejó engañar y se negó en redondo a salir de Arcos. Estaba claro que no quedaba otro recurso que la violencia, mas para este extremo el Rey no se sentía aún lo bastante seguro. De momento no le quedó otro remedio que someterse a la voluntad de su hija y dejarla en Arcos, mas para asegurarse se lleva consigo a su nieto, el infante Fernando, que sólo cuenta cinco años.

Juana es presa de un terrible acceso de ira (¿volvió la locura o era sólo la respuesta de una madre?). Diríase que a pesar del aislamiento en que vivía, Doña Juana adivinó con toda precisión lo que se le estaba preparando. De ella se apoderó la desesperación y el furor cuando vio que su padre le quitaba al pequeño Fernando en calidad de rehén para el caso de que los rebeldes consiguieran llegar a ella.

Protestó, gritó, amenazó, insultó... En vano. Sus sirvientas, su guardia, su Corte entera, se negaron a obedecerla. Sus súplicas tampoco sirvieron ante su padre. Don Fernando tomó consigo a su nieto e hizo venir tropas de Valladolid para ocupar militarmente todas las posiciones en torno a Arcos.

     

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