
Nadie contó con que Juana acabaría enamorada hasta los huesos de Felipe, y que aquel amor era tan apasionado como no correspondido. Pero Doña Juana siguió amando a su marido hasta después de muerto, y bastó el deseo de Felipe de ser enterrado en Granada para que la Reina de Castilla iniciara un peregrinaje con el féretro que duró tres años (1506-1509).
Esta es la historia de un cortejo fúnebre, mitad real mitad leyenda, y de una reina no tan loca como políticos y gobernantes se empeñaron en demostrar.
Cuentaviajes de El peregrinaje de la Reina Loca |
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