Un monumento que es preciso visitar ineludiblemente en León es la Basílica de San Isidoro.

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Románica, con añadidos góticos y restos del templo anterior, de factura similar a los erigidos por la monarquía asturiana, y reminiscencias islámicas.
Si la catedral es un monumento unificado y armónico, en San Isidoro conviven distintas épocas, estilos y ambientes.
Es particularmente importante el panteón real, algo anterior al templo románico, adosado a éste, donde convive un románico primitivo con la inspiración de los artistas de la corte asturiana y aun la visigótica.

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En él es importante la colección de capiteles, pero sobre todo las
pinturas de muros y bóvedas, con detalles del Apocalipsis y del Nuevo Testamento, así como temas agrarios y geométricos, el mejor conjunto de pinturas de la época, bautizado en los manuales de arte como "la capilla sixtina" del románico español.
Veintitrés reyes o reinas, doce infantes y nueve condes recibieron sepultura en este lugar recoleto, sobrio y bello, donde la historia se ha detenido.
Sobre el plano del panteón se alza la
Tribuna Regia, una capilla palatina que se unía a la iglesia por un gran arco, actualmente cegado. Allí se exhiben diversas joyas históricas y artísticas, de notable interés como el Arca de los marfiles y el cáliz de Doña Urraca.
El templo propiamente dicho es de cruz latina, con tres ábsides semicirculares. El central fue sustituido por un gótico, desmesurado, que elimina la armonía del conjunto. En el exterior destacan las dos portadas del sur: la del Cordero y la del Perdón(utilizada por los peregrinos). Fuera de planta, ubicada sobre las murallas medievales, se eleva la torre del gallo, a la par robusta y airosa.
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Vista aérea de San Isidoro