
En el exterior, en las jambas y arquivoltas aparecen los habitantes de esta ciudad celestial, expuestos para contemplación de los mortales.
En el interior, una luz tamizada por los mil colores de las vidrieras otorga densidad al ambiente y un colorido irreal a la piedra. En ésta catedral se ha conseguido la creación de un espacio interior espiritual. Se ha conseguido la paradoja de convertir la piedra, elemento rígido, frío, pesado, inmóvil, en algo cálido, flexible, liviano, etéreo. La pesadez del material se ha trocado en ligereza; la piedra no parece reposar en el suelo, sino ascender.
Despojada desde hace más de cien años de los añadidos barrocos y renacentistas, la catedral representa el triunfo del gótico. Caja España y el cabildo leonés organizaron en el centenario de la reapertura una magnífica exposición, comisariada por Ignacio González-Varas Ibáñez, en la que se estudiaron los trabajos llevados a cabo en el XIX. El título de la misma era expresivo: El sueño de la Razón.
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