Como el resto de la península Ibérica, pasó por dominaciones romana, visigótica y árabe, antes de volver a manos cristianas, en el siglo XII, para alcanzar la capitalidad portuguesa en el XIII.
Beneficiada por la política colonial portuguesa, su momento más duro ocurrió el 1 de noviembre de 1755. Fue la mayor catástrofe de la ciudad, el gran terremoto. Se habla de un antes y un después lisboeta. Después de que la tierra temblara, renació su arquitectura y se elaboraron proyectos urbanísticos que hoy perduran majestuosos, como era el afán de Juan V, artífice de la reconstrucción de Lisboa.
De una ciudad en ruinas surgió una ciudad impregnada de orgullo en cada piedra.
Con dignidad, padeció la pérdida de importancia del país, la independencia de su colonias y la dictadura, y floreció en 1974 en la Revolución de los Claveles, para acabar con la falta de libertades.

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