Lisboa es una ciudad con cuestas empinadas y calles empedradas. Los tranvías, trolebuses y los funiculares ayudan a subir y bajar la ciudad, desde la Plazo Do Comercio, al pie frente al Tajo hasta el barrio de Alfama, al Monasterio de los Jerónimos y al barrio de Belem.
Los tranvías añaden colorido a la ciudad, un sonido peculiar y mucha vida mediante el movimiento. Los troles modernos se mezclan con los turísticos, los típicos que funcionan desde el año 1947.
Los cafés bohemios y el entorno colorido le conceden a esta ciudad bañada por el Tajo la condición de obra pictórica, color albero y aroma a café.

Qué ver en Lisboa: albero y café |
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