
La vía de San Gotardo, abierta en el medievo para relacionar los territorios del más al norte con Italia, hizo de Lucerna un punto importante en el tramo final de la Edad Media.

A partir de esta época, la ciudad se presentó como una de las más poderosas de Suiza, aspirando incluso a la capitalidad.
En el periodo posterior a la Reforma protestante, Lucerna se mantuvo como bastión católico, lo que hizo que se instalaran allí diversas instituciones religiosas. Sin embargo, los disturbios religiosos del XIX le fueron fatales.
El turismo la revitalizó en el tramo final del XIX y el XX. Las realezas europeas, incluidos los zares rusos, pasaron por aquí; pero ambas guerras mundiales, y sobre todo la Primera, le causaron un drástico parón económico. Hoy es sin duda la ciudad de más atractivo turístico del Estado.
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