
La siguiente estancia, la Amarilla, recibe su nombre por el tono de las sedas. Un dormitorio de Fernando VII, quien mandó borrar por ello un fresco de Tiépolo, para sustituirlo por Luis López, una alegoría del Sueño. El mobiliario, de gusto francés, es extraordinario.
El Comedor de Gala –sala siguiente- es otra de las grandes estancias. Es resultado de una remodelación ordenada por Alfonso XII, que para ello unió tres grandes salones, mediante sendas arcadas.
Pinturas de Mengs, González Velázquez y Francisco Bayeu decoran los techos. Excelentes tapices de Bruselas, de los siglos XVI y XVII, magníficas arañas de cristal y jarrones chinos y de Sèvres dan especial calidad al lugar.

Esta sala da paso a otras de menor interés: la plateresca, con una colección de medallas; la de la Plata, con excelente material de la platería real; la de Vajillas, que muestras de las vajillas reales del XIX; la de los Stradivarius, con magníficos instrumentos realizados por Antonio Stradivarius para Carlos IV; y la de Instrumentos, de excelente bóveda, y donde se muestran diversos instrumentos musicales de los siglos XVIII y XIX.

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