El viajero que llega a Madrid por la Carretera de Extremadura, cuando se acerca al valle del Manzanares se encuentra súbitamente con una visión de cierta grandiosidad:
Sobre la verde alfombra de los jardines del Campo del Moro, emerge, sólida, la fachada oeste del Palacio Real.
El verde de los jardines y el azul del cielo hacen resaltar el tono blanquecino de los muros del palacio, construidos con granito y piedra blanca de Colmenar.

El Palacio, según fernando Brambilla, pintor de cámara de Carlos IV.
El atardecer, cuando el sol envía casi horizontalmente sus rayos amarilleantes, es el momento más propicio para la contemplación. La época ideal, la primavera, cuando las hojas recién aparecidas de los jardines proporcionan un manto de purísimo verde que realza el colorido del edificio.
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