
Hacia el norte, lindando con Bailén y la Cuesta de San Vicente, están los jardines de Sabatini, más pequeños y delicados.
Enfrente del Edificio se halla la Plaza de Oriente, que se originó en tiempos en los que estuvo en el trono de España José Bonaparte, quien mandó despejar el frente este del palacio de casuchas y callejones.
La obra de derribos se terminó en tiempos de Isabel II, con un bello planeamiento que ha quedado realzado ahora al quitar la circulación rodada
En el centro de la plaza hay una magnífica estatua de Felipe IV, obra de Pietro Tacca, con diseño de Velázquez. Es interesante el equilibrio del caballo, sobre las patas traseras. Es de las mejores estatuas ecuestres que adornan Madrid.
En la plaza también hay una serie de estatuas de piedra blanca que son las que originalmente iban a situarse sobre la balaustrada superior del Palacio.
También da a la plaza el edificio de la Ópera o el Teatro Real, inaugurado en 1850.
En la gran plaza hay espacios para todos: para niños que juegan, ancianos que toman el sol, turistas que sacan fotografías a diestro y siniestro, y excelentes cafeterías, que invitan a un plácido y culto descanso.
Es tal vez éste el momento y el lugar en el que viajero que ha recorrido el entorno del Palacio Real de Madrid, descanse plácidamente, mientras pone en orden sus ideas y deja que en su mente se serene tras el atiborramiento de arte y riquezas contempladas.
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