
Eso de la las “altas torres” suena a escarnio, cuando se ve la altivez derruida. Hay quien dice que podría ser de las “albas torres”, por el color de sus defensas... pero no se alarmen, ambas denominaciones parecen debidas a un halo romántico del XIX.
Por cierto, en algunos países europeos se aprovechó el influjo romántico para reconstruir grandiosos edificios (véase el caso de Francia y especialmente la influencia de Viollet le Duc) pero aquí nos contentamos con ponerle a la maravilla decadente de Madrigal un apellido orgulloso “Altas Torres” y no se reparó en que las torres se caían.
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