Madrigal es como una madre anciana y cansada, en cuyo rostro se atestigua una belleza madura enmarcada de arrugas profundas, arrugas que reflejan la soledad, los años y las ausencias. Es vieja y bella aún, y conserva el orgullo de su pasado.
El viajero que recorre la autopista VI, que enlaza Madrid con León y Galicia, deberá abandonar esta ruta en Arévalo y avanzar hacia el oeste, en un paisaje de llanuras y pueblos terrosos en los que destaca la fortaleza de sus iglesias, iglesias de ladrillo, barro cocido.

Arévalo, Aldeaseca, Villanueva y Barromán tienen templos que dominan sobre la orografía de los tejados, marcado la preeminencia del poder religioso sobre los espacios y las conciencias.
Y al fondo aparece pronto Madrigal.
Cuentaviajes de Madrigal, emoción y melancolía |
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