
La economía malí estuvo activada por el comercio transahariano, la demanda de oro por parte de las grandes ciudades musulmanas del norte de África y una elevada producción agraria. El declive vino favorecido por el choque entre las instituciones tradicionales y las nuevas normas islámicas. Estas disputas facilitaron la pérdida de Tombuctú a manos de los tuareg en 1433 y de Djenné en 1473 por los songhai, otro reino emergente.
En ese siglo, los europeos ya se introdujeron en el continente africano. Los portugueses establecieron centros comerciales en Gambia y entraron en contacto con los comerciantes mandingos que les aprovisionaban de artículos como plumas de avestruz, marfil y oro. Esto favoreció un momentáneo recrecimiento. Aún un emperador de Malí intentó reconstruir el gran imperio en el tramo final del XVI. Pero ya no hubo sino decadencia, hasta que los franceses empezaron a controlar la zona en los años finales del XIX.
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