El Inca Garcilaso de la Vega nos descubre más que ningún otro cronista los secretos de esta liofilización andina, que se practicó durante siglos con el éxito a que obligaba la manutención de millones de personas.

Labores de recogida del tubérculo. Del manuscrito de Poma de Ayala.
Y aún hoy es uno de los sistemas de conservación más rentable de la agricultura de aquella región.
Con el fin de obtener el mítico chuñu, en Francia y Alemania hubo pacientes facultativos decimonónicos que echaban a perder un invierno tras otro toneladas de esos tubérculos, cuando su generalizada crianza mataba ya las hambres europeas.
Probablemente, no seguían al pie de la letra el siguiente recitado del Inca Garcilaso:
la echan en el suelo sobre paja, que hay en aquellos campos muy buena, dejándola muchas noches al hielo, que en todo el año hiela en aquella provincia rigurosamente; y después que el hielo la tiene pasada, como si la cocieran, la cubren con paja y la pisan con tiento y blandura, para que se despiche la acuosidad, que de suyo tiene la papa, y la que el hielo le ha causado; y después de haberla bien exprimido, la ponen al sol, y la guardan del sereno, hasta que esté del todo enjuta.
Si era la calidad de la paja o la precisión del tiento para deshidratar lo que fallaba en los ensayos europeos, es objeto de duda entre los analistas.
La papa tuvo también detractores que pusieron en tela de juicio sus cualidades alimenticias; hasta el Gran Yngha sospechaba algo, según poma de Ayala, perulero de prestigio autor de una Nueva crónica y buen gobierno de las Indias:
halló de fuerza a los indios de Chinchay Suyos, aunque son indios pequeños de cuerpo, animosos, porque se sustentan de maíz y beben chicha de maíz, que es de fuerza. Y los del Colla Suyos, los indios tienen poca fuerza y ánimo y gran cuerpo y gordo, seboso, porque comen todo chuño y beben chicha de chuño.
La patata no comparece en las crónicas de conquista hasta que sus autores no escalaron las cumbres andinas, en donde se cría. Fue también uno de los últimos productos agrícolas oriundos de América en ser aceptado por los europeos como alimento. Antes de pasar al guisado y a la sartén, la patata fue en Europa reputado afrodisíaco, estimada planta ornamental y despreciado potaje para presos.
Sólo un alimento que esconde sus enigmas bajo tierra puede provocar tales discordancias sin renegar del género humano.
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