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Historias de Drake, Engels y Díaz Yubero

Francis Drake trajo a su Majestad británica en 1586 una muestra del fruto, junto a otras menudencias en oros y platas que esquilmó, para cumplir con su patente, a los barcos españoles.
El ilustre corsario encontró la semilla en tierras de Carolina del Norte, a donde había sido trasplantada desde el Perú poco antes.

Tras el éxito obtenido en las cacerolas de toda Europa gracias, una vez más, a la hábil facunda francesa para vender productos inventados en otras partes, Federico Engels sacó a relucir la patata en el primer capítulo de su análisis social y revolucionario por ser, según el alemán, la materia prima que el hombre comió en el estadio superior de la barbarie. Más de eso nunca se percataron los incas.

Comedores de patatas, según Van Gogh. Amsterdam Rijksmuseum.

Tardó mucho la patata en ser aceptada sin reserva por los habitantes del valle del Duero. Venía precedida por la mala fama de los vegetales que se esconden bajo tierra y que causan mucha desazón a los agricultores de las tierras de pan llevar.

En efecto, los habitantes de páramos y mesetas sospechaban que el tubérculo bien podría ser portador de toda clase de enfermedades. Además, las excelentes legumbres de la tierra no podían ser sustituidas sin dolor por el producto advenedizo.

Pero al fin la adaptación de la patata en las riberas de la cuenca norte del Duero, en Asturias y en Galicia produjo pronto esa mancha indeleble que ahora llaman la dieta atlántica. Se trata, en efecto, de la base ideal para el transporte de sabores primigenios, desde la pocilga, el monte o el mar, hasta el paladar más exquisito. He aquí el uso provisional del tubérculo, en el patrimonio culinario más apreciado:

Cachelada.

Patata con congrio y almejas

Repollo con cachelos

Potaje de liebre y tordo

Patatas con bacalao



Quede aquí constancia de una receta de especial reciedumbre, que encuentra en las estribaciones de las sierras zamoranas su máximo esplendor. Esta es la fórmula de mi amigo Ismael Díaz Yubero, cuyo libro Sabores de España pone de manifiesto la sabiduría que él tiene de las buenas ollas:

Patatas con cordero:

Se preparan con laurel, ajo cebolla, perejil, una chispa de pimentón - picante al gusto - y pimiento verde. La patata ha de ser compacta, firme, poco harinosa, preferentemente de la variedad jaerla que se da muy bien en estas tierras.

Se añaden los tubérculos cortados, cuando la carne, troceada previamente, este rehogada y cvasi hecha, con un poco de aceite, cebolla y laurel; adicionando el pimentón al final de la cocción.

     

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