El producto llega a España precedido de toda clase de prevenciones, y se presenta, como casi toda la cornucopia americana, con atisbos de medicina.
Con rigor de científico emancipado y altivez de sabio sevillano, el doctor Juan de Cárdenas zanja la polémica acerca de la naturaleza y cualidades del cacao haciendo recurso a la víbora. Es perverso, según dice, este fruto crudo y comido sin mezcla; pero el chocolate hace muchísimo provecho en todo y en esto se compara el cacao a la víbora, que ella de por sí sola es veneno mortífero pero
mezclada con sanctas y cordiales medicinas es reparo y contrayerba.

En Yucatán, los hombres robaron a los dioses el chocolate. Foto Alfonso García-guiarte. Copyright
Luego, el chocolate sería objeto de una de las más vistosas polémicas teológicas, para dilucidar si su consumo antes de la sagrada comunión rompe o no el ayuno. Para satisfacción de madres superioras y de canónigos frondosos, el muy devoto Papa Pío V decretó que el consumo mañanero de aquel líquido espeso y mantecoso no impedía al buen cristiano recibir la sagrada comunión. Loado sea el Vaticano y toda la corte celestial del papa Moctezuma II.
La escasa información sobre el fruto de todos los placeres no ha permitido que los niños de escuela sepan cómo es el cacao, ni en planta ni en grano, a pesar de ingerirlo con mucha incontinencia desde la más tierna edad. Una encuesta de patio de colegio mostraría esa supina ignorancia a la hora de la merienda, mientras los párvulos se solazan con la maravilla tan sazonada de aztecas y mayas; maravilla que siempre ha sido apreciada en nuestras mesas.
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