A finales del siglo XVI se comenzó a levantar este palacio monumental, en honor a una gran victoria sobre los portugueses durante la batalla de los tres reyes, por mandato del sultán saadí Ahmed al Mansur Ed Dahbi. El nombre de El Badi significa "el incomparable", y hacia honor al gran esplendor que ofrecía el edificio.
Constaba de varios pabellones con varios centenares de habitaciones, en torno a un gran patio central que contaba con un amplio estanque y una fuente. Todo el conjunto estaba acompañado de grandes lujos en su decoración, símbolo de la riqueza y la abundancia del sultán: mármol de Carrara, bellos estucos, jaspe, oro y muchos otros materiales preciosos ornamentaban el palacio.
Se sabe de su hermosura y esplendor por las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el mismo, además de por relatos históricos de quienes lo conocieron. De hecho su construcción se inspiro en la Alhambra de Granada.
La elegancia y magnificencia del Palacio El Badi se vio resquebrajada, al producirse un cambio en el poder y pasar a ser la dinastía alauita, la que reinaba en lo que actualmente es Marruecos, que permitió ir desmantelando el palacio por ser de la dinastia saadi.
La pena es que en la actualidad tan sólo podemos disfrutar de los vestigios que permanecen del palacio, pero aún así merece la pena visitar los restos que quedan, su gran patio interior hoy poblado de naranjos y sus maltrechos muros en los que anidan las cigüeñas. Sobre todo, es un placer el subir a su parte alta, desde donde podemos deleitarnos con sus preciosas vistas de Marrakech y el Atlas.
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