Esta vasta extensión de palmeras que incluso se puede observar al llegar en avión, a buen seguro deja asombrado al viajero, por su grandeza y esplendor.
Cuenta la leyenda -y es que de Marrakech hay muchas leyendas- que el fundador de la ciudad escogió este lugar, que era un páramo, para que descansara su ejército, y tras comer muchísimos dátiles que traían de su periplo comenzaron a nacer palmeras, que tras muchos años pasaron a conformar este extenso palmeral.
Fue su hijo quién mando construir un complejo sistema de riego, que abasteciera de agua a las palmeras, y a los olivos y huertas que también se dispusieron junto a éstas para subsistencia de los habitantes cercanos. Se comenta que el palmera actual, es de una extensión menor que el de hace años, debido a la especulación inmobiliaria y al cierto abandono de mantenimiento del milenario sistema de riego.
Sea como fuere bien merece la pena dar un paseo por dentro del palmeral, porque es un sitio que transmite sensaciones especiales, y diferentes a lo que estamos acostumbrados.
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