En Merzuga se encuentran varios albergues. Estos alojamientos no son más que pequeñas casas de adobe donde ofrecen comida y cobijo al visitante, sin grandes lujos, ya que las habitaciones suelen ser auténticas jaimas bereber –casas de los árabes que pueblan el desierto- y la comida es escasa y corriente.

Los albergues generalmente tienen acuerdos con los nómadas bereber para hacer de guías a los turistas que desean adentrarse en las dunas. Allí mismo nos proveen de dromedarios para la marcha y nos organizan la pernoctada. Nosotros acordamos un viaje en dromedario al anochecer, dormir en las jaimas dentro del desierto y una vuelta al día siguiente, haciendo un rodeo para inspeccionar la zona. Todo incluido, con guías, dromedarios, jaimas y las correspondientes comidas nos costó 30 euros por persona, después del inevitable regateo.
Antes de comenzar nuestro camino tuvimos la ocasión de recrearnos con una comida dentro de la casa de adobe del albergue y con el correspondiente “güisqui bereber”, que no es otra cosa que té a la menta, típico en todo Marruecos. En la sobremesa nos animamos a aporrear algún tambor de los que había dispersos por el comedor, con una especial falta de armonía.
En un momento los marroquíes que regentaban el local se contagiaron con nuestro ánimo y por un rato pudimos asistir a una excelente muestra de cultura del tambor. Por la presteza con que tocan los instrumentos se nota que en el desierto no hay muchas más diversiones con las que discurrir las horas.
Cuentaviajes de Merzuga: arena y estrellas |
> > Volver a la guía de Merzuga