
Tuvimos ocasión de comprobar que hay varios oasis pequeños y jaimas dispersas por la zona, cuyos inquilinos deben subsistir de un modo parecido a nuestros anfitriones de la noche anterior.
También es recomendable una vista al pueblo que lleva el nombre de Merzuga, fuera de la zona de dunas y cerca del lago, donde podemos encontrar construcciones de adobe típicas de la zona, unidas a una pequeña muestra de agricultura adaptada al lugar, que subsiste gracias al agua de manantial que llega permanentemente al pueblo. Otra posibilidad para los días de verano consiste en darse un baño de barro que, dicen, es muy bueno para el reuma.
Los amantes del 4x4 también podrán disfrutar de las dunas y las carreras por caminos desérticos. De hecho, muchos de los visitantes que llegan a Merzuga vienen con la intención de sacarles partido a sus vehículos todoterreno.
¡Mucho cuidado con quedarse atrapado en las dunas! Aunque cabe tranquilizarse pensando que, en un aprieto, cualquier persona que pase por alrededor se prestará gustosa a ayudarnos.
Cuentaviajes de Merzuga: arena y estrellas |
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