De este modo, nuestro camino a Merzuga aparece salteado de rutas, más o menos marcadas, que podemos elegir a nuestro antojo. De vez en cuando nos cruzamos con otros vehículos que nos hacen entender que vamos por el buen camino.

Desde Rissani a Merzuga, avanzamos por pistas un recorrido de unos 15 kilómetros de desierto de piedra, lo suficiente para poder perderse. Por ello, puede ser una buena idea conseguir un guía en Rissani, antes de internarse en zonas donde puede resultar difícil orientarse.
Nos encontramos con numerosos marroquíes que ofrecían sus servicios como guías en las localidades próximas a la entrada a las pistas.
Aunque nuestra primera intención era contratar como guía un nómada bereber, una vez hubiéramos llegado a Merzuga, para internarnos en la zona de dunas, en Rissani nos encontramos con un marroquí que insistió mucho más que otros que nos habían asaltado anteriormente para hacer de guía. Inicialmente pedía 8 euros por sus servicios, pero conseguimos regatear y bajar el precio hasta que finalmente acordamos que nos llevase gratis.
Una bajada tan importante en el precio se debe a que los guías indican el camino hasta el albergue de algún familiar o amigo, ganando por ello una comisión.
Al final del viaje quedamos tan satisfechos con Abdul que le regalamos varios utensilios de uso habitual en España y 10 euros.
Una última recomendación para entrar en las pistas es hacerse con un automóvil que pueda resistir cómodamente las inclemencias de un largo camino campo a través. Aunque un turismo podrá aguantar el ajetreo, es ideal contar con un 4x4 y podemos alquilarlos, por unos 50 euros al día, en Rissani o en otras poblaciones de alrededor.
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