Rezuma tranquilidad y exotismo Los constructores de barcos, trabajando a la orilla del puerto, los reparadores de redes de pesca, los pescadores, los asadores de sardinas…
Hay abundante turismo. En la playa mucha gente ama más el paseo que el tostarse ante un sol que –unido al viento- curte la piel.
En los últimos años, se ha promocionado el lugar para el winsdurfing. Se le ha llamado Ciudad del Viento.
El turismo que llega allí es variopinto, tanto de mochileros y hippies como de gente adinerada y amante de la paz y el arte. Es lugar interesante para descansar al partir o regresar de Marrakech y el Atlas.
En la ciudad hay aceptables hoteles y restaurantes. Se come muy buen pescado, que incluso se puede saborear en el propio puerto, recién bajado del navío.
Aunque existe una aceptable oferta hotelera, si el viajero lo prefiere, también puede alquilar una casa o apartamento por meses, semanas o, incluso, por días. Generalmente, estos apartamentos los alquilan los mismos propietarios de las casas sin aplicar impuestos ni otras tasas a los turistas y a un precio muy aceptable.
Para encontrarnos con las ofertas basta con dejarse ver por el parking cercano al puerto, al lado del Boulevard Mohammed V y es muy probable que algún lugareño nos ofrezca la posibilidad de acompañarle a visitar su casa o la de algún amigo o familiar. También podemos hablar con algún vendedor de las tiendas de la Medina, que seguro conocerá oferta de apartamentos en alquiler. Los precios oscilan dependiendo del momento del año en el que visitemos la ciudad, aunque son razonables.
Durante todo el año, winsurfistas llegados de todas partes del mundo aprovechan los días de viento, que a orillas del Atlántico son bastante habituales, enfundados en sus trajes de neopreno, que les permiten pasar largos periodos de tiempo en el agua, incluso en los meses más frios del año. Aparte del windsurf, también podemos encontrar deportistas que realizan actividades acuáticas similares.
Pero lo más típico, aparte del plácido descanso, son sus asados de pescados recién traídos, cocinados a la parrilla ante del cliente. Hay varios restaurantes en el entorno del puerto y la ciudad, en los que se toma buen pescado y marisco.
Además de ver la artesanía típica de Marruecos, en un paseo por la ciudad antigua se podrán encontrar diversos puestos de venta de degustaciones como caracoles y, sobre todo dulces variados y generalmente melosos, como es normal en la repostería del país.
Los precios son aceptables, pero más elevados que en el entorno. La presencia abundante de europeos ha elevado las tarifas

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