
Por imperativo del señorío toledano, los habitantes de la región no podían realizar roturaciones, por lo que estos campos llegaron relativamente vírgenes hasta el siglo XIX, cuando buena parte de ellos fue dividida en dehesas que se adquirieron por hacendados burgueses o aristócratas.
En consecuencia, el monte ha llegado hasta el siglo XXI escasamente modificado y solamente roturado en el entorno de los pueblos. Las grandes fincas han sido coto de un reducido número de familias adineradas, que únicamente explotan la propiedad cinegéticamente.
Cuentaviajes de Cabañeros: el eco de los montes |
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