
El algún sepulcro del IV se pueda ver también al niño Jesús en el pesebre, entre un buey y un asno, tema que tenía relación con el arte sepulcral, pues sirve para aludir al inicio de la vida, al paso del tiempo.
Los asuntos vinculados al nacimiento continuaron interesando. El Papa Sixto III (432-440) encargó una reproducción de la “cueva” de Belén, en recuerdo pío del lugar del nacimiento de Jesús.
En San Apolinar el Nuevo, de Rávena, Italia, hay una bellísima pieza del siglo VI, una joya musivaria, en la que aparecen los tres Reyes Magos, lujosamente vestidos y sobre un fondo de palmeras, portando unas ricas bandejas plateadas para obsequiar al niño, que está en brazos de la madre.
Ya aquí aparecen definidas las tipologías de los personajes reales: tres Reyes Magos, uno sin barba, otro con barba negra y un tercero con ésta canosa, estableciendo una diferenciación de edad, simbolizando las edades del hombre: juventud, madurez y senectud.

Es curioso señalar también cómo la figura de San José tradicionalmente permaneció ausente, frente al binomio Virgen-madre e hijo.
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