
Una vez en Trondheim el tiempo cambia y se torna gris y algo lluvioso. El viajero teme perderse el espectáculo del sol de medianoche como así será. Aquí destaca la Nidarosdomkirken, la catedral, erigida sobre la tumba de San Olav y donde coronan a los reyes noruegos.
La ciudad se visita a pie y con dedicarle un día es más que suficiente.

Se sigue subiendo con la esperanza de apreciar el sol de medianoche pero, mientras, todo hay que decirlo, el paisaje deja al visitante extasiado.
En especial, las islas Lofoten son muy recomendables. A medida que se acerca uno al Cabo Norte la vegetación disminuye... y las líneas ferroviarias, y las poblaciones también.
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