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El otro Diego Rivera

La fama de Diego Rivera como muralista ha oscurecido al otro Diego Rivera, el pintor de “caballete”.
Diego Rivera. composición de guiarte.com

La fama de Diego Rivera como muralista ha oscurecido al otro Diego Rivera, el pintor de “caballete”. Una exposición que se está exhibiendo ahora por Europa contribuirá –sin duda- a revitalizar su prestigio y a entender mejor al gran artista mexicano.

Un retrato de la madre del pintor, realizado en 1904, abre una la interesante exposición, que se presenta en el Museo de América de Madrid. No se trata de una “masiva” presentación de trabajos, son sólo 36 obras de caballete, pero sirven para revisar su proceso creativo, haciendo especial énfasis en su época de experimentación con las vanguardias europeas de principios de siglo.

El recorrido expositivo permite apreciar las mutaciones estilísticas que experimentó Rivera a través de retratos, paisajes, bodegones, desnudos y cuadros costumbristas, dejando aparte los dibujos y bocetos que revelan su talento como vigoroso muralista.

LOS MURALISTAS DE MÉXICO.

Diego Rivera es uno de los grandes muralistas que dieron prestigio al arte mejicano en el siglo XX, al desarrollar una propuesta artística innovadora y de gran impacto y contenido social.

El muralismo mejicano tuvo sus orígenes a inicios del siglo XX. En esos primeros pasos del siglo, Atl y Vasconcellos plantearon la necesidad de impulsar en el país un arte que entroncase con la cultura, la tradición y la realidad mexicana. El último de ellos, como ministro de Educación, expuso la necesidad de un programa popular y revolucionario, cercano a los modelos soviéticos, que diera una gran importancia al arte público y popular. Diego Rivera, en 1921 recibió el encargo gubernamental de trabajar en esa dirección.

Rivera, igual que Siqueiros, había permanecido buena parte de su juventud en Europa. Ellos dos, junto con Orozco, serían los encargados de dar al muralismo mexicano un contenido propio, una enorme difusión y un prestigio universal.

Esa línea autóctona del arte mexicano se reforzó en 1221, cuando Rivera y Vasconcellos contemplaron en Chichén-Itzá la existencia de murales precolombinos, y cuando, un año más tarde, el Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores de México hizo una declaración de principios, en la que rechazó la dependencia artística de Europa. Todo ello contribuyó a la eclosión muralista con identidad propia.

DIEGO RIVERA.DIEGO RIVERA.

El artista había nacido en Guanajuato, en 1886 y falleció en Ciudad de México en 1957. Ya de joven, en 1707, viajó por España, Francia y el norte de Europa, instalándose luego en París, donde entró en contactos con los artistas que entonces hacían de la ciudad del Sena una capital mundial de las artes. En esa época, Rivera se desenvolvió en el ámbito cubista, pero también se relacionó con grupos de artistas emigrados rusos, y al estallar la Revolución en 1917 intentó viajar a Rusia, lo que no pudo hacer hasta 1927.

Vuelto en 1921 a México, participó en los murales de la Escuela Preparatoria, haciendo el trabajo de La Creación, donde ya se puede ver la unión de cubismo e indigenismo. Sin duda, en este último aspecto influyeron sus contactos con artistas que ya en Europa propugnaban un arte público basado en la tradición popular.

En años posteriores seguiría trabajando el muralismo, con trabajos inmensos, como el de la Secretaría de Educación Pública, con temas que marcan el dolor del pueblo por su explotación y la dignidad del esfuerzo del artesano y las gentes sencillas.

Numerosos lugares de México cuentan con murales de Ribera, si bien éste no abandonó nunca el trabajo de caballete, con paisajes, escenas y retratos de gentes de todo tipo de nivel social.

LA MUESTRA.

Las obras de caballete del muralista mexicano Diego Rivera, permiten visualizar su proceso creativo. Se trata de una colección de cuadros propiedad de estado de Veracruz (México) que está considerada Patrimonio Artístico de la Nación, que se inició con los seis cuadros que el joven Rivera cedió en su día a ese Estado, agradecido por la beca que se le concedió para estudiar en Europa.

El recorrido abarca desde los primeros años de formación académica de Diego Rivera, su estancia en Europa, a donde viajó con 20 años, su redescubrimiento más tarde en México de lo autóctono y el desarrollo de su producción de madurez, arte político y polémico comprometido con el socialismo y la cultura indígena.

El recorrido permite apreciar las mutaciones estilísticas que experimentó Rivera a través de retratos, paisajes, bodegones, desnudos y cuadros costumbristas, dejando aparte los dibujos y bocetos que revelan su talento como muralista.

La colección se inicia con un retrato de la madre del artista y varios paisajes mexicanos pintados al estilo del siglo XIX, donde revela una técnica impresionista. Luego, diversos trabajos hechos tras su llegada a Europa revelan su experimentación con formas puntillistas, impresionistas o cubistas. Diversos cuadros de formas geométricas muestran influencias de autores como Picasso o Juan Gris, aunque otros recuerdan temáticas, colores o líneas de Cezanne, Delaunay o Modigliani.

Entre los cuadros hay excelentes retratos de mujeres como el de Angelina Beloff, su primer amor, o el de Lupe Marín, su esposa y madre de sus hijos. Otro de los cuadros destacados es su Desnudo con girasoles, lleno de sensualidad y luz.

Entre sus paisajes, hay bellos trabajos de México, Francia y España. De los cuadros de esta temática hechos durante su estancia en Europa cabe citar la estación de Montparnasse y el paisaje de Arcueil: de sus estancias en España hay dos cuadros: Tierra quemada de Cataluña, puntillista, y Paisaje de Toledo, cubista.

"Lo importante de esta colección, que viaja por primera vez a Europa, es que nos muestra a un Diego Rivera desconocido, y no sólo de una primera época sino de todo su quehacer artístico", según Dolores Tomás, comisaria de la exposición.

Para la comisaria, “las influencias de Cezanne en Paisaje de Arcueil (1918), de Picasso y Gris, que le empujaron a plantearse la reflexión cubista o de los desnudos de Renoir, van apareciendo en el recorrido que entra en la madurez a partir de su Desnudo con girasoles(1946), periodo que incluye dibujos como Mujer con morral (1948) y otros pequeños cuadros de campesinos y obreros que recuerdan rasgos del realismo soviético”.

Tomás Alvarez.

 

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