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Entró en vigor el Protocolo de Kioto

Por Artemio Artigas

Kioto, capital de Japón desde el siglo VIII hasta el XIX, no es hoy sólo el nombre de la misteriosa ciudad oriental, sino una mítica referencia para aquellos que están preocupados por la salud del planeta.

En pleno febrero, los mediocres datos económicos mundiales del cierre del 2004 han quedado apagados por el brillo del acuerdo que lleva el nombre de Kioto. El Protocolo de Kioto, el más ambicioso acuerdo internacional sobre medio ambiente, entró en ya en vigor.

Con la firma de 141 países, desde el 16 de febrero, el Protocolo obliga a los países industrializados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que originan el cambio climático: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluocarbono, perfluorocarbono y el hexafluorocarbono sulfúrico. El objetivo es el de lograr que en el año 2012 el nivel de estos contaminantes descienda un 5,2 por ciento respecto al de 1990, algo que hoy aún parece situarse en el reino de la utopía.

Para los ambientalistas, la entrada en vigor del acuerdo es una gran noticia, aunque reina el pesar porque en la lista de firmantes haya clamorosas ausencias. Para los economistas y hombres de estado, esa entrada en vigor supone un reto que exige un replanteamiento de la política mundial en materia de energía.

Un poco de historia.

En la llamada "Cumbre de Río" (Río de Janeiro, 1992) 180 países se comprometieron a trabajar unidos para luchar contra el deterioro de los ecosistemas de la tierra. Allí arrancó la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que entró en vigor dos años más tarde.

Lo que en principio fue una declaración de propósitos pasó a ser algo más en diciembre de 1997, cuando se logró en la ciudad japonesa de Kioto, la firma de un protocolo para conseguir la reducción de la serie de gases causantes del efecto invernadero, con el fin de evitar un gravísimo quebranto de la salud del sistema climático terrestre.

Ya en 1998, la Comunidad Europea firmó el Protocolo, pero en los años siguientes se evidenció que no caminaba en el mismo sentido la administración de Estados Unidos. Esa discrepancia se amplió en las cumbres de la Haya(2000), Bonn(2001) y Johannesburgo(2002). Por el contrario, en septiembre de 2004 Rusia ratificó el texto, un acuerdo imprescindible para su puesta en marca. Con Rusia ya eran 126 los firmantes.

Con la adhesión de Rusia, que produce el 17,4 por ciento de las emisiones, quedó superado el 55 por ciento requerido para que el Protocolo pudiera tener efectividad.

Un reto energético.

La respuesta al planteamiento de Kioto no parece fácil. Los Estados Unidos, que emiten el 25 por ciento de los gases responsables del calentamiento global, no han firmado el acuerdo. En la línea mantenida por la administración Bush está también Australia. A ambas ausencia se añaden las de dos grandes países de creciente industrialización y enorme potencial de desarrollo: China y la India.

A estas dificultades "políticas" de añade un obligado replanteamiento de las actividades humanas, particularmente en el entorno del consumo energético. Además de controlar los niveles contaminantes los países firmantes -y especialmente los industrializados- habrán de replantear ahora la utilización de combustibles fósiles, invertir en la producción de energías alternativas más limpias y aumentar la eficiencia en el uno energético.

Recientemente, el jefe del departamento de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de Oxford, Richard Darton, explicó en Santander(España) que el calentamiento del planeta, si se aplica el Protocolo de Kioto, sería de 1,5 grados para el 2100, y destacó los esfuerzos que se deben hacer en materia de energía para que esta situación no sea más adversa o incluso "insostenible".

El experto afirmó que el consumo de energía se ha duplicado en los últimos 30 años y podría volver a duplicarse en los 30 próximos. En Estados Unidos y en algunos países de la Unión Europea se consume diez veces más energía que en los países que ahora están en vías de desarrollo, lo que hace pensar que la demanda seguirá aumentando en el ámbito mundial.

Además, el 90 por ciento de esa energía procede de combustibles fósiles, el petróleo y en menor medida el gas natural. El uso energético actual no es soportable con el ritmo actual, opinó Darton, para quien también es difícil la alternativa nuclear. "La sociedad -dijo- debe tener la garantía de que los residuos nucleares no comprometerán la seguridad de las generaciones futuras".

La esperanza para que los acuerdos de Kioto tengan éxito está ligada a la posibilidad de que Estados Unidos suscriba el Protocolo de Kioto. Si antaño Clinton se mostró favorable al mismo, Bush tomó la dirección contraria, al considerar que aplicarlo en su territorio le costaría cinco millones de puestos de trabajo y miles de millones de dólares.

No obstante en Europa se sigue esperando una flexibilización en esa postura. El mismo día 16 de febrero, cuando entró en vigor el Protocolo, Tony Blair, dijo que esperaba convencer al presidente de EEUU para que se implicase y volviese al diálogo. Entre tanto, los ecologistas advierten que apenas queda un margen de puñado de años, si se quiere evitar una alteración catastrófica de los patrones del clima.

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