
Es de finales del siglo XIX. Tiene cuatro kilómetros de largo por casi uno de ancho, y alberga lagos, praderas, zonas boscosas, pistas de patinaje, embarcaderos... hasta un castillete de aire medieval, en torno al cual suele haber algún ornitólogo estudiando especies urbanas de aves.

Igual que podemos pasar una semana en Nueva York y aun nos quedarán cosas que visitar, ocurre con Central Park. Tiene un recorrido de paseos, parques e infraestructuras tan numerosas que es difícil verlas todas aunque visitemos el parque cuatro o cinco veces.
Hay puestos de información que te pueden dar un mapa.
Merece la pena darse una vuelta en fin de semana y ver la animación, sobre todo en primavera o verano y con buen tiempo. Los habitantes de Nueva York hacen allí picnic y es muy curioso el ambiente.
Aparte de los propios empleados para cuidar el parque, se pueden ver voluntarios que también colaboran con su mantenimiento.
No recomendable para paseo nocturno. Algunas partes (en el norte) tampoco son propicias para el paseo solitario, incluso de día.
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