Con algo mas de 400 metros de altura estaban entre los edificios más imponentes del mundo, y siempre fueron centro de la mirada de todo tipo de gentes, desde escaladores hasta equilibristas. Filippe Petit, francés, atravesó un día la distancia entre ambas torres haciendo equilibrios sobre una cuerda.
Hoy es un centro de peregrinación, donde se ven escritos, flores y otros elementos de recuerdo a los fallecidos en el atentado y a los bomberos que lucharon contra el siniestro...
Algún día la zona renacerá.

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