Tiene la ciudad un breve éxito en la época sueva, e incluso ostentó una posición destacada en este reino noroeste de la vieja Hispania, pero luego va decayendo y sufre saqueos de los árabes y los normando.
Parece que en 1071 el Rey Sancho II impulsa la repoblación de la zona orensana, y la urbe crece merced a su categoría episcopal. Se restaura la vieja catedral, se asientan diversas órdenes religiosas y aumenta el vigor mercantil.
Al igual que la mayoría de las ciudades peninsulares, desde el siglo XV en adelante sufre un progresivo hundimiento que no cesa hasta el fin del siglo XIX, cuando mejoran sus comunicaciones viarias.

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