
La Casa solariega pudo pertenecer a alguna rama menor de los marqueses de Astorga, señores de la merindad de La Cepeda. Permanecen aún en pie algunas sólidas paredes, en las que se observan excelentes dinteles de piedra.
Detrás de la edificación ruinosa se halla la capilla familiar, de una notable solidez, y con una piedra excelentemente trabajada. La estructura sigue desafiando al tiempo, pese a que hace años que también se hundió la techumbre.
Al igual que ocurre en otros casos -como el del casón de los condes de Catres- una de las causas de la incuria radica en las herencias. El edificio pertenece a distintas gentes, muchas de las cuales han ido abandonando el lugar; ahora es de todos y de nadie. Se acabará de caer en poco tiempo.

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