...Y a la llegada del otoño, vuelta hacia el sur, hacia el otro lado de la cordillera, para aposentarse en la solana de la sierra, en El Escorial, y gozar del estallido de color que supone la orgía de rojos y amarillos de la otoñada.
El Escorial fue mandado construir por Felipe II tras la batalla victoriosa sobre los franceses en San Quintín (año 1554), en un enclave serrano, donde granito y bosque se funden. Era el lugar idílico para gozar de esos “veranillos” en los que el menguante sol de octubre y noviembre arranca destellos de belleza indescriptible a los bosquecillos serranos de hoja caduca.

Entonces el lugar apenas tenía cien vecinos, pero en torno al monasterio y su residencia real fue creciendo también una villa ordenada, pequeña pero hermosa.
Entrar en el Palacio de El Escorial, el Palacio Real de otoño.
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