Si el día se presenta lluvioso, o un poco húmedo, algo que en Pamplona tiene un encanto especial, podremos notar el intenso olor de la vegetación. Sobre todo si caminamos hasta el Portal de Francia, la entrada al casco antiguo por la cara norte.

Si elegimos ese camino, llegaremos hasta el río Arga. Y de ahí, tanto a derecha como a izquierda, descubriremos un precioso recorrido a orillas del agua, con piragüistas remando, con gorjeos de pájaros circundando las enramadas, con pescadores, con gente caminando bajo la sombra de los chopos y los castaños, y, todo ello, sin salir de la ciudad. Un lujo.
El paseo verde, salvo un pequeño tramo de asfalto y cemento, bordea toda la ciudad. En total, 15 kilómetros de belleza y salud.
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