
Pero la vieja Iruña, como también la llaman, atrae al viajero, como no, por la calidad de vida, la excelente gastronomía y la placidez de sus parques y jardines arbolados.
Pamplona, durante todo el año, huele a hierba recién cortada.
Hay calidad de vida. No hay duda. Paseando por sus calles limpias uno se da cuenta de inmediato. Todo el orbe conoce los alborotados días pamplonicas de julio, cuando corren los mozos delante de los toros, pero el resto del año ésta es una ciudad tranquila, moderna, muy europea, y, sobre todo, sin contaminación.
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