Hace pocos años, la playa del norte era una interminable sucesión de arena a la que daban vista miles de huertas. Hoy en día son millares los hoteles y apartamentos que acosan el paseo marítimo. Pero hay sitio para todos.
Peñíscola ha sido devorada por el turismo. Aúbn así, merece la pena acudir al lugar, recorrer las calles, tomar arroz, descansar en el bullicio y aprovechar los días frescos para recorrer los senderos de Irta, al sur de la Playa de Santa Lucía.

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