
El monokini fue considerado por el Vaticano como un producto derivado de la industria erótica.
En el 68, las chicas más atrevidas mostraron sus pechos al sol, como modo de reivindicación a la libertad sexual y a la igualdad de sexos. Tras la aparición del monokini se le suceden los strings o tangas, el bikini de triángulo, que enlazado con una cinta resbala por la cadera, y es en medio de los años ochenta, cuando el traje de baño de una pieza vuelve a hacer su aparición, esculpiendo el cuerpo de forma más sugestiva que una desnudez prácticamente integral.
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