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Abordaje del Morning Star

Con cinco cañones por banda y uno en la proa, el Defensor de Pedro se acerca al Morning Star.
Un cuadro de Clarkson Stanfield se utiliza habitualmente para ilustrar la feroz acción de Benito Soto contra el «Morning Star», los piratas huyen abandonando a su presa, que se hunde

Varios disparos de aviso cada vez más próximos hacen comprender al capitán Thomas Gibbs que su pesado y lento barco no podrá huir y detiene su marcha. Soto le ordena que suba a bordo, pero el inglés envía una embajada que, maltratada por los piratas, es devuelta al mercante.

Por fin, Gibbs sube al Defensor de Pedro y lo primero que recibe, entre las miradas divertidas de la tripulación, es el sablazo en la cabeza que le propina Soto, molesto por la tardanza con que ha cumplido sus órdenes.

Después es arrojado a la bodega en compañía de otros tres marineros. Los piratas abordan el indiaman y se llevan todo lo de valor que encuentran, mientras reparten sablazos a diestro y siniestro entre tripulantes y pasajeros (incluso abusan sexualmente de las mujeres) antes de encerrarlos a todos en el sollado, cerrar los accesos y barrenar el casco para que se hunda. Soto ha decidido que no quiere testigos de sus asaltos, por lo que ordena matar a todos. Horas después, ya alejados del Morning Star, que comienza a hundirse, Gibbs es asesinado en cubierta y sus compañeros, que han saltado al mar para tratar de salvar la vida, son rematados a tiros desde la cubierta.

Mientras tanto, los encerrados en el buque inglés consiguen liberarse, taponar los agujeros, montar un aparejo que los mueva y seguir navegando hacia su destino original, adonde llegarán dos meses después.

Tras el bautismo de fuego, Saint-Cyr propone cambiar el nombre del barco, que pasa a llamarse La Burla Negra, y continúa con su búsqueda de nuevas víctimas que se dirijan a Europa procedentes de las Indias Orientales a través del cabo de Buena Esperanza, o de Suramérica y el Pacífico tras salvar el cabo de Hornos o el estrecho de Magallanes.

El siguiente barco asaltado fue el Topaz, matriculado en Boston. Cuando horas después se alejan de él, esta vez sí, la tripulación pirata ha cumplido las órdenes de Soto y ha asesinado a todos los tripulantes, salvo al capitán y a tres marineros, encerrados en La Burla Negra.

El bergantín bostoniano arde antes de hundirse y los tres supervivientes no tardarían en reunirse en el fondo del mar con sus compañeros.

Esta sería la última fechoría en la que los piratas de Soto intervinieron a sangre y fuego, ya que sus otras cuatro víctimas pudieron seguir viaje tras ser aligerados de la parte más valiosa de su carga y de las pertenencias personales de los tripulantes.

En su declaración en el juicio, Saint-Cyr manifestó que pocos días después de asaltar el Topaz se encontraron con otro mercante al que trataron de abordar, pero los mantuvo a raya con el fuego de sus cañones hasta que cayó la noche y pudo escapar. Varias de las andanadas de ese barco (algunas fuentes lo citan como el Unicorne) impactaron en La Burla Negra y los destrozos aconsejaron al capitán a poner rumbo a las Azores para reparar.

Pero antes de llegar a la isla de San Miguel dieron cuenta de las pertenencias del Cessnock, barco británico que había zarpado de Escocia y que, para su desgracia, se cruzó con ellos.

Las bodegas estaban repletas de los artículos robados y era preciso hacerlos efectivos, por lo que se decidió enfilar hacia España donde poder vender el alijo. Dejando atrás las Azores, el bergantín, de nuevo La burla negra, interceptó al New Prospect, que venía de Londres y, para su suerte, pudo seguir viaje hacia Canarias aunque algo más ligero de carga.

El siguiente fue el buque portugués Ermelinda, al que aliviaron de café, seda y añil. Aquel mes de abril de 1828, era Semana Santa, el Atlántico sufrió varias jornadas de tormenta que maltrataron los mástiles y las velas del barco de los piratas.

Por suerte para ellos, el día 8 avistaron el Sunbury, que regresaba desdde la isla Mauricio hacia la de Wight y, sin más, le robaron el material que necesitaban además de algunos valiosos efectos personales de los tripulantes.

Ellos fueron las últimas víctimas de la breve carrera del último pirata gallego. Entre el 19 de febrero y el 8 de abril, La burla negra abordó seis barcos, cuatro ingleses, un americano y un portugués.

     

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