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La detención

Benito Soto trata de vender el barco de forma irregular (no en subasta abierta, como era preceptivo, sino al mejor postor).
Los marineros repiten sus días de escándalo en A Coruña y Pontevedra, con borracheras, peleas y gastos superiores a los que se suponen a simples marineros.

Todo esto crea grandes sospechas en las autoridades gaditanas, que tres días después detienen a todos menos a Soto, que huye a Gibraltar, y a José de los Santos, que logra embarcar y no se vuelve a saber de él.

Durante el segundo semestre 1828 y todo el año 1829 se cruzan infinidad de oficios, declaraciones e informes entre las autoridades de Pontevedra, A Coruña, Londres, Cádiz y Gibraltar. Para entonces, desde A Coruña han sido enviados a Cádiz los tres tripulantes que no viajaron en la última travesía del bergantín. También llegan a la colonia británica tres de los supervivientes del Morning Star. Reconocen a Benito Soto y se muestran dispuestos a declarar contra los piratas que los asaltaron en el Atlántico sur.

Por fin, el 19 de noviembre de 1929 comienza el juicio contra los piratas de La burla negra en el Arsenal de La Carraca de Cádiz. Los hechos se van desgranando hasta el 3 de diciembre de 1929, fecha en que son dictadas las sentencias: doce penas de muerte por ahorcamiento (dos en rebeldía) y tres condenas a seis, ocho y diez años de cárcel. Las mismas penas que había solicitado el fiscal, teniente de navío Jorge Lasso de la Vega.

Las autoridades ignoraron el ofrecimiento de Victor Saint-Cyr de ajusticiar él mismo a sus compañeros si se le perdonaba la vida (el verdugo oficial vivía en Sevilla y no parecía muy dispuesto a bajar a Cádiz para hacer tanto trabajo), por lo que tuvo que pasar sus últimos días en una celda separado de los compañeros, que no habían visto con buenos ojos el ofrecimiento. El 11 de enero de 1930, a las 11 de la mañana, se ejecutó la sentencia para seis de ellos y el día siguiente, a las 10, se cumplió la de los otros cuatro.

Sólo un día después, Benito Soto se sentaba en el banquillo de los acusados ante el honorable gobernador general de Gibraltar, sir George Don. Como sabía que tenía poca defensa, sobre todo frente a las declaraciones de sus víctimas, enseguida vio claro el escaso futuro que le quedaba y adoptó una actitud resignada. No obstante sólo se declaró culpable de dos muertes: la del ferrolano Manuel Ferreiro, compañero pirata de las primeras horas de La Burla Negra, y la de un marinero americano del Topaz.

Fueron siete días de juicio, y una sentencia anunciada que confirmaba la que pocos días antes había dictado el tribunal español: muerte por ahorcamiento.

     

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