Pero la presencia de un bergantín tan sospechoso en el medio de la ría intrigó a las autoridades pese al dinero empleado en sobornos. Buscaron aguas más tranquilas y las elegidas fueron las del puerto de A Coruña, donde prosiguieron con las operaciones de venta de las rapiñas.

Pero una tripulación como aquella, con dinero abundante para gastar y provocadora de numerosos altercados, además de las lógicas indiscreciones hechas bajo la influencia del abundante alcohol que trasegaban, no pasaron inadvertidas en la ciudad. Además, algunos de los marineros que seguían en el grupo por miedo a Soto trataron de denunciar al pontevedrés y éste, al enterarse, comprendió que Galicia ya no era segura y zarpó de la ría coruñesa el 19 de abril rumbo al Mediterráneo con la intención de continuar sus andanzas piratas al amparo de las costas de Berbería, infestadas de colegas de profesión.
En el rol de la tripulación faltaban tres hombres, encarcelados tras protagonizar altercados.
En los 14 días siguientes, Soto cambió de idea. Como ya había conseguido vender gran parte del botín en Pontevedra y A Coruña y había dejado a buen recaudo el resto, decidió acabar con sus correrías y disfrutar del futuro que le podían deparar sus riquezas. Así que cuando navegaban cerca de Cádiz (aunque él, poco experto en pilotar barcos, creía que era Tarifa), ordenó dirigir la proa hacia la playa y embarrancar.
El defensor de Pedro/La burla negra terminó con la quilla hundida en el arenal de Santa María, un gran agujero en el casco y con la tripulación, de catadura muy sospechosa, tratando de explicar los pormenores del incidente a las autoridades. Era el 9 de mayo.
Cuentaviajes de El último pirata |
> > Volver a la guía de Pirata