Con cinco naves y planta de cruz latina, el templo, de los siglos XI y XII, tiene una luminosidad inusual en el románico europeo, realzada por su revestimiento de mármol blanco.
Las galerías típicas del románico pisano alegran y dan ligereza a este magnífico. Tanto la vista desde la parte del ábside como la fachada es de alto interés. En esta última destaca la rítmica sucesión de geometrías y las excelentes puertas de bronce, diseño de Juan de Bolonia. Otras puertas de interés son las del lado derecho del crucero, obra de Bonanno Pisano.
El interior es sorprendente. Quien está acostumbrado al románico español o francés queda anonadado por la multiplicidad de perspectivas y la luminosidad de un espacio de una inusual. A ese aire de ligereza contribuyen las galerías elevadas y la abundancia de ventanales.
Llama también la atención el Pantocrator del ábside, del XVI, y –sobre todo- una pieza absolutamente excepcional, el púlpito, obra maestra de Giovanni Pisano, de inicios del siglo XIV, prodigio de virtuosismo escultórico.
La portada catedralicia, típica del románico pisano. guiarte.com. Copyright