Para iniciar la visita a la ciudad de Plasencia, lo mejor es acercarse hasta la Plaza Mayor.
La Plaza Mayor de Plasencia fue y sigue siendo ágora de tertulianos sin prisa, punto de encuentro de mercachifles, con bancadas y terrazas para enamorados, augustos jubilados y viajeros.
La plaza es alargada e inclinada, y en la parte superior reina magnífico un coqueto
ayuntamiento de traza renacentista. Es una estructura –plaza y Casa Consistorial- que también recuerda la de la plaza de Ciudad Rodrigo.
El airoso edificio muncipal, del entorno del XVI, tiene una torrecilla donde se ubica el
abuelo Mayorga, pintoresco y popular personaje que marca desde su atalaya y a ritmo de campanadas el acontecer diario de la ciudad placentera.
Desde cualquiera de los bares de esta plaza, el viajero puede aprovechar el tiempo para tomarse un refresco mientras abre el plano de la urbe y organiza sin prisas un callejeo. Vaya por donde vaya se encontrará con ese místico ambiente de urbe provinciana de calles estrechas, donde mercerías o ferreterías de aire antiguo comparten lugar con tabernas o librerías.
En ese ambiente se respira a la vez aroma de guisos, cultura y humanidad de pueblo, en un ritmo cansino marcado por el claqueo de las cigüeñas.
Si el viajero se deja llevar por el peso de la gravedad avanzará plaza abajo en dirección a la catedral, o mejor dicho a las catedrales, porque Plasencia es una de esas afortunadas ciudades que tienen catedral nueva sin perder la vieja. Es la zona de más interés de Plasencia, porque en torno a ella se ubica un interesante conjunto de palacios y casonas.
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