
En el siglo siguiente crece la Ciudad Vieja y desde el comienzo del XIV se fortalece la ciudad; se crea el arzobispado surge la primera universidad de la Europa Central y el propio rey checo alcanzó la dignidad imperial. Entonces Praga fue una urbe comparable a cualquiera otra de las mayores de Europa.
Fue un brillante periodo que se truncó en el inicio del XV.

Praga pasa de nuevo por un periodo de poder. En los inicios del XVII de nuevo surgen problemas religiosos que desembocan en la Guerra de los Treinta Años, con consecuencias nefastas para la ciudad.
Recuperada esta en el XVIII, la ciudad se adorna con una excelente arquitectura barroca que aún hoy sigue asombrando al viajero.
En el XIX la urbe vivió un despertar romántico y nacionalista y en 1918 se proclama la independencia de Checoslovaquia. En 1948 el estado quedó controlado por el Partido Comunita; un dominio que siempre chocó contra una ideología humanista. En 1968 se produce la llamada Primavera de Praga, un intento de crear un “socialismo de rostro humano” aplastado por las fuerzas armadas del pacto de Varsovia.
En 1990 hubo de nuevo elecciones libres y tres años más tarde se dividió el país, creándose la Republica Checa.
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