Praga es parte de ese centro en muchos sentidos. En primer lugar geográfico. A menos de 1.000 km. se encuentran prácticamente todas las grandes capitales de Europa a excepción de Madrid, Londres, Moscú y Estambul.

Ser centro no es solo un resultado de distancias espaciales. Es centro también porque lo fue siempre; porque ha sufrido, como el que más, los conflictos europeos entre tolerancia e intransigencia y entre desarrollo económico y progreso social o entre la centralización de los imperios y el deseo de supervivencia de las sentimientos nacionales; porque ella misma fue capital imperial y también cabeza de sublevados contra el Sacro Imperio Romano Germánico, primero, y contra el Austro Húngaro después; porque participó durante 40 años de la Europa socialista y representó, dentro de ella, casi siempre, su parte más lúcida y rebelde contra Moscú.

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