

A finales del XIX empezó el lugar a gozar de un progreso turístico. La burguesía valenciana y castellonense edificó lujosas villas a la orilla del mar. Ese desarrollo turístico ha continuado, aunque apuntando hacia una explotación de mediana calidad y ambiente tranquilo.
Como elementos atractivo cabe destacar en primer lugar al Desierto de Las Palmas, monasterio de Carmelitas que ocupa desde el siglo XVII un paraje bellísimo.
Cerca de las recoletas dependencias actuales existen las ruinas del primer establecimiento, arruinado en un terremoto. Todo el entorno del Desierto de las Palmas es un enclave biológico interesante, y permite el gozo estético de los paseantes.
En el plano de los monumentos de Benicasim, es también excelente la iglesia parroquial de Santo Tomás de Villanueva, del siglo XVII.
Sin embargo, lo que más nombre ha dado al lugar son las playas, de fina arena, que se extienden a lo largo del término municipal, y cuya calidad viene refrendada por las Banderas Azules.
Durante el verano tiene ciertos atractivos culturales, especialmente el certamen Internacional de Guitarra Francisco Tárrega y el Festival Internacional de Benicasim, el FIB.
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