
Hace ahora cincuenta y cuatro años, los hombres de Oliegos recogían su ultima cosecha de centeno, y estaban ya apilando aperos y utensilios para su égira hacia el sur. La construcción del Pantano de Villameca les obligó a desalojar el valle. En el amanecer del 28 de noviembre de 1945 dejaron su otero, apostado en la solana de una montaña pizarrosa, y emprendieron camino hacia Valladolid.
Desde aquella madrugada en que los de Oliegos se subieron a un tren de 30 vagones, estacionado en Porqueros, quedó en nuestras carnes –incluso en las carnes de quienes aún no habíamos visto la luz— el dolor por la forzada ausencia, un dolor que aflige a los cepedanos cada vez que se oye el nombre del pueblo.
¿Cómo era Oliegos?. En el catastro de Ensenada, en el siglo XVIII se nos presenta como lugar perteneciente al señorío de la marquesa de Astorga; tierra de ferreñales(cultivos de forraje) prados de regadío y secano y tierra montuosa de abundantes urces. Sus producciones básicas eran centeno y hierba. Contaba con numerosas colmenas y ganado vacuno, caballar, cabrío y de cerda. Entonces habitaban allí 21 vecinos, en 36 edificaciones. Existían 10 molinos y una taberna. Atendían al lugar dos clérigos. Los lugareños pagaban a la iglesia diezmos, primicias y voto de Santiago, tributos que se repartían con la Encomienda de San Juan. El Común disponía de 200 reales para el Corpus y algo más para letanías. A la marquesa de Astorga se le pagaban 183 reales por alcabalas, y a las Arcas 99 reales por el impuesto de cientos, 180 reales por sisas, 59 reales por servicio real y 49 por utensilios.
Casi cien años más tarde, según datos del Diccionario de Madoz, el lugar había progresado. Habitaban allí 34 vecinos, 146 personas. A su producción anterior habían añadido otro producto básico: la patata. El Diccionario indica que también que se criaban ganados y se daba la caza, describiendo al lugar como sano y de excelentes aguas potables.
Tras aquel censo, Oliegos siguió creciendo lentamente cien años más, hasta su final.
Este año al no haberse llenado el pantano de Villameca, es muy fácil descubrir los restos de Oliegos en la parte posterior del embalse. Quedan perfectamente dibujadas las calles, los planos de las casas, e incluso se descubre fácilmente el espacio alargado de su vieja iglesia.
Al lado del pueblo se detectan los molinos, los cierros de los prados, los puentes y una magnífica calzada.
> > Volver a la guía de Pueblos con arte