
En esta ruta próxima al camino se halla Samos, donde el viajero encontrará uno de los grandes centros religiosos gallegos.
El monasterio de Samos, con origen en tiempos suevos, siglo VI, fue fundado bajo la regla de San Fructuoso y restaurado en tiempos de Fruela por monjes toledanos.
Alfonso II, el Casto, creció en el cenobio, al que apoyó, al igual que Ordoño II, quien trajo frailes de Leyre, de la regla de San Benito, para revitalizar la decaída vida monástica.

En el siglo XII Samos se adhirió a la reforma del Cluny, cuando ya era uno de los centros más poderosos de la iglesia gallega, con jurisdicción sobre cientos de villas y lugares.
El inmenso monasterio medieval ardió en 1.558 y se reconstruyó con una síntesis de renacimiento y barroco.
Destacan en él la iglesia y los dos claustros. También se puede contemplar, muy cerca, una pequeña iglesia mozárabe, a la vera del rio Orobio, en un recodo que rezuma espiritualidad.
Del libro El Camino de Santiago para paganos y Escépticos
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