
Son 268 peldaños, aferrados a la roca, en una ascensión casi vertical, los que permiten superar los 82 metros de altura del roquedo y ascender hasta una pequeña iglesia románica, de aires bizantinos.

La iglesia tiene trabajo de diversas épocas: carolingia y siglo XI, y para adecuarse a la difícil orografía presenta una serie de bellísimas irregularidades.
Todo esta lleno de arcaísmo y sabor, desde los capiteles de la tribuna pequeña, el fresco o la entrada trilobulada.
Un pequeño paseo de ronda rodea a esta mínima iglesia. Desde el mismo se tiene la oportunidad de gozar de excelentes vistas sobre la ciudad. Una visita imprescindible.
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