La tercera Jornada la comenzamos en Ciudad Real, para llegar, siempre en dirección este, hasta Valdepeñas.
Un gran cerro coronado por una bella ermita y los restos de fortificaciones marcan el origen de Ciudad Real. Es Alarcos. El yacimiento permite ver materiales de diversas épocas, desde la Prehistoria hasta la actualidad. Allí se han encontrado restos referentes a la Edad del Bronce, la del Hierro, Edad Media, Moderna y Contemporánea.
Alarcos era la ciudad fortificada que controlaba esta parte de la meseta sur, al sur de los Montes de Toledo, después de la conquista de Toledo por Alfonso VI.

El avance cristiano indujo en el siglo XII a los reinos de taifas a pedir ayuda al sultán almohade Abu Yaqub, quien llegó desde Marruecos al mando de un gran ejército. Alfonso VIII intentó detener su avance antes de Toledo y presentó batalla en este lugar. La victoria de los musulmanes(1195) fue grande y sangrienta. Las defensas cristianas se retiraron hasta detrás de la Línea del Tajo y la Reconquista quedó paralizada durante unos años.
Alarcos era la ciudad fortificada capital de la región sur de Toledo. Tras ser destruida, se fundó en la nueva población, Ciudad Real (denominada antes Villa Real).
Hay allí un parque arqueológico interesante, clave para conocer la historia de la Reconquista española.
San Pedro es la iglesia más valiosa y bella de Ciudad Real. Es monumento nacional. Un templo espacioso: tres naves cubiertas de bóvedas góticas. La edificación corresponde a distintas épocas, desde el siglo XIV hasta el XVIII, cuando se hizo el fornido campanario, en cuyo chapitel pueden verse las llaves y la tiara de san Pedro.
La catedral no tiene una gracia especial. Es gótica. Sólo tiene una nave, aunque muy grande. La Iglesia de Santiago, con la sencillez de la piedra más humilde y el ladrillo es una construcción armónica del siglo XIV. Ante su puerta una bella plaza, bella por su sencillez.
Poco queda de los recintos defensivos de la ciudad. Lo único que atestigua sus defensas es la Puerta de Toledo. Combina armoniosamente el arco de herradura, de sabor árabe con los góticos de factura cristiana, como una bella metáfora del mestizaje cultural de la península en el Medioevo.
Entre otros lugares de interés, cabe citar el Museo del Quijote, dedicado al caballero de la triste figura. Tiene diversos elementos de interés, una buena biblioteca y un Centro de Estudios a este personaje literario de hondo sabor manchego.
Dejamos Ciudad Real por la carretera de Miguelturra
En el Quijote también aparece el nombre de esta población, cuando un labrador “de muy buena presencia” a quien “de mil leguas se le echaba de ver que era bueno y buena alma” dijo a Sancho: “Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra, un lugar que está dos leguas de Ciudad Real”, a lo que sancho replicó: “...sé muy bien a Miguel Turra y que no está muy lejos de mi pueblo”.
Pues bien, de Miguelturra son famosos sus carnavales y su gran iglesia barroca, de impresionante estructura circular.
Pero siguiendo la dirección este llegaremos a Almagro, una de las grandes joyas de España. El lugar tiene algo menos de 10.000 habitantes, pero un sorprendente patrimonio, una ciudad que progresó bajo el dominio de la Orden de Calatrava y que luego recibió los favores de la historia en el siglo XVI de la mano de los banqueros alemanes y flamencos.
Almagro es una ciudad sorprendente, con patios de todas clases. Patios con historia, con mucha historia. Las temperaturas extremas de La Mancha hicieron que los árabes trajeran hasta aquí la cultura de los patios. Una cultura que ha sobrevivido con el aporte de diversas épocas y civilizaciones.
Esa cultura es patente desde su Plaza Mayor, una isla de influencia flamenca en plena meseta, y que se extiende por el Patio de los Fúcares (Függer), el Claustro del Convento de los Dominicos, el Palacio de los condes de Valdeparaíso, el Corral de Comedias, los Palacios Maestrales, el Parador Nacional (con 16 patios), el Convento de la Encarnación o el Santuario de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la localidad, conformando un encaje de patios a imagen y semejanza del otro encaje, el de bolillo, de tradición flamenca, que fue introducido en Almagro por los banqueros de Felipe II y sus acompañantes cuando se instalaron allí en el siglo XVI.

Almagro, cuna de Calatrava, cuyo nombre viene probablemente del árabe almagreb (tierra arcillosa rojiza con óxido de hierro que se utilizaba para pintar vigas y columnas en la zona), es un oasis en el medio de La Mancha. Ser la sede de la Orden de Calatrava y la ubicación de los banqueros flamencos y alemanes de Felipe II como concesionarios de las minas de mercurio de Almadén, a cambio de sus préstamos, trajo un aura de prosperidad a la comarca.
Almagro es un paseo por la historia. Merecen una visita la iglesia de los Dominicos, San Bartolomé, la de la Madre de Dios, las ermitas de San Juan, San Blas o San Francisco, así como la de San Agustín, hoy convertida en lugar de exposiciones.
La magnífica Plaza Mayor, destino de la mayoría de los visitantes, sorprende por su estructura con soportales de piedra. Fue engrandecida por los Függer junto a otras familias, parientes o empleados. En ella se encuentra también la Casa Consistorial que data también del siglo XVI
En la Plaza Mayor, plena de tabernas de todos los estilos, se muestra ya un buen avance de la gastronomía típica de la zona en la destacan las berenjenas de Almagro, variedad típica de esta área; las gachas de harina de almorta (plato típico de harina frita con pimentón y añadidos de torreznos o hígado de cerdo), el tiznao (plato a base de bacalao y pimientos secos) o las migas.
Quien quiera gozar de unos días de turismo tranquilo puede reposar en el Parador Nacional, antiguo convento, que es un oasis de paz donde también puede degustarse cocina del territorio.
En Julio, coincidiendo con el Festival Internacional de Teatro, merece la pena una visita especial a Almagro, pese al calor veraniego de La Mancha. En esos días, abre sus puestas esa joya del espectáculo, única en su género, que es el Corral de Comedias, que data del siglo XVII, y donde se estrenaron obras de Calderón de la Barca, Miguel de Cervantes o Lope de Vega.
Saliendo de Almagro en dirección al este pasamos pronto por Moral de Calatrava, de un interesante conjunto urbano, de agradables calles y construcciones de sabor manchego, con iglesia parroquial del siglo XIII, reformada en el XVI y épocas posteriores.
Y de moral, la ruta va, en medio de tierras vinateras hasta Valdepeñas.
En el camino de Madrid a Andalucía, Valdepeñas ha sido siempre un lugar señero: posada, fonda y buen vino. Tiene la población unos 26.000 habitantes y bastante actividad económica.
La parroquia de la Asunción es el edificio más señero, con buena factura renacentista, y preside la vida de la plaza de España, en donde abundan los bares y los jardines. La iglesia es de finales del siglo XV y la torre del XVI. Posee este templo la particularidad de ser de dos naves.
Pero lo más singular de la plaza es la decoración de las fachadas porticadas: azul y blanco, en una alternancia colorista que da gran personalidad al conjunto urbano.
Ciudad Real es la provincia que más vino produce de toda España, y Valdepeñas es una de las capitales del cultivo vitícola, con un esfuerzo renovado por alcanzar la mayor calidad posible en los caldos blancos, tintos y rosados.
Hay un bello museo del Vino en la localidad, interesante para conocer la historia, características y métodos de explotación vinícola. Esta activo desde 1999 y ubicado en la antigua bodega de Leocadio Morales del año 1.901. Posee incluso las viejas bodegas, con sus inmensas tinajas de barro. Es un interesante modelo de museo didáctico, también con acusado carácter etnográfico, al presentar una gran colección de herramientas y maquinaria, desde época final del XIX al XX.
Es ésta una ciudad en la que hay buenos lugares para comer y beber. La ruta ha sido densa, y por ello Valdepeñas puede ser una adecuada ciudad para reposar al cabo de la tercera etapa, y prepararse para la última, llena de sorpresas agradables
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