Reims ya era un enclave notable a la llegada de los romanos. Los galos de Rèmes se aliaron con Julio Cesar, y la ciudad quedó transformada en capitalidad de la provincia romana de Bélgica.

Detalle de la fachada medieval de Le Vergeur. Foto guiarte. Copyright
También tuvo importancia en el momento de la llegada de los bárbaros. Saint-Remi, San Remigio, fue el obispo de Reims que bautizó a Clodoveo, rey de los francos, en la Navidad del 468, acto de consecuencias futuras, pues marcó la tradición de los coronamientos reales en Reims.
En el medievo, los coronamientos en el magnífico templo catedralicio, una joya del gótico, modelo de la catedral española de León, tuvieron una pompa inusitada. Hubo coronaciones de todo tipo, entre las famosas está la de Carlos VII, en 1429, en plena guerra de los Cien Años, con asistencia de Juana de Arco.
Tras el medievo, la ciudad ha pasado por buenos momentos económicos, lo que se traduce en la existencia de excelentes edificios y conjuntos arquitectónicos como el Hôtel de Ville, el colegio de Jesuitas o la Plaza Real.
Aquí ganó Napoleón su última victoria, en 1814, y aquí se firmó la rendición alemana en 1945.
Reims es hoy una ciudad de buena calidad de vida, alegre y abierta, vinculada al arte y a la buena mesa. Es la ciudad de una obra maestra del gótico, de Saint-Remi y del champagne.
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