La tercera etapa arrancaría de Coblenza hacia el sur, en dirección a Bingen. Apenas rebasada la ciudad nos encontraremos con el castillo Stolzenfels, enfrente de la población de Lahnstein, ante la desembocadura del Lahn.
La fortaleza es originaria del siglo XIII, y quedó prácticamente arrasada en el siglo XVII. Luego, en el siglo XIX fue entregada por la ciudad a Federico Guillermo IV de Prusia, tras el control prusiano del territorio. Entonces se encargó la reconstrucción de la misma a Karl Frierich Schinkel, quien la transformó en un castillo neogótico. Hoy es un excelente mirador y uno de los enclaves románticos del territorio.
Poco más adelante está Rhens, lugar que conserva algunos edificios históricos con los bellos entramados de madera, pese al destructor paso de la Segunda Guerra Mundial, que afectó a toda esta zona. Entre ellos está, el viejo ayuntamiento. También conserva resto del "Köngsstuhl", sala de reuniones de los electores del imperio.
La ruta prosigue hacia el sur. Al otro lado del río se percibe la magnífica silueta del castillo de Marksburg. El río enfila el meandro de Boppard y antes de llegar a esta población se halla el mirador de Gedeonseck, que permite contemplar el paisaje espectacular.
Boppard se halla ya a unos 20 kilómetros al sur de Coblenza. Tiene origen romano. Una "mansión" que fue transformada en fortaleza en el siglo IV, de la que quedan restos. En el lugar destaca la colegiata de San Severino, construida sobre las termas romanas, de estilo románico tardío. también tiene interés la abadía carmelita, de gótico tardío.
Avanzando al sur de Boppard pronto aparece Bad Salzig, una pequeña localidad balneario. El negocio de las aguas medicinales surgió en la primera década del siglo XX, cuando se localizaron unos manantiales que brotan desde 400 metros de profundidad y que han dado vigor a la población.
El camino sigue hacia el sur, al lado del río. El viajero puede contemplar en la otra parte del río los castillos de Liebenstein y Sterrenberg, antes de llegar a Hirzenach, con su colegiata originaria del siglo XII, en torno a la cual se arracima la pequeña población.
Llegamos así a la zona de Loreley. Casi enfrente del peñón se halla Sankt-Goar, dominada por la mole del castillo Burg Rheinfels, entre los más grandes de la zona. Esta fortaleza es originaria del siglo XIV, y remodelada en siglos sucesivos, convirtiéndose en uno de los centros mas poderosos del entorno hasta que fue destruido en gran parte por los franceses en 1797.

Poco más al sur, pasado ya el Loreley, se llega a Oberwesel lugar que conserva algunas edificaciones antiguas, fortificaciones, sendas iglesias góticas y el castillo medieval de Schönburg. Todo ese bagaje del pasado impactó en Victor Hugo, quien contempló en los monumentos el destrozo de las guerras. El escritor, cuando conoció el lugar escribió: "Oberwesel semeja un viejo soldado transformado en viñador, y su vino tinto es excelente".
El castillo de Schönburg es un tanto extraño; una amalgama de torres y edificios que parece más bien un conjunto de fortalezas. El hecho se explica tal vez porque desde el siglo XIII compartieron el recinto varias familias nobles.
Seguimos hacia el sur, gozando de hermosura del paisaje, con el Rin avanzando entre lugares y fortalezas para llegar a Bacharach, ciudad ubicada a la entrada del valle de Steeger, centro comarcal de una serie pequeñas ciudades en la que se muestra la presencia señorial en fortalezas como Stahleck, Stahlberg y Fürstenberg.
Bacharach tiene encanto, con casas de entramados y una serie de edificios de interés como la capilla Werner, de estilo gótico final, y la iglesia de San Pedro, de notable valor constructivo, originaria del siglo XII. También perviven importantes elementos de las antiguas fortificaciones.
El castillo de Stahleck, encargado por el arzobispo de Colonia en el siglo XII, para controlar este enclave fue volado en el final del siglo XVII por los franceses. Los restos de la voladura destrozaron incluso partes del pueblo, entre éstas la capilla Werner.
Estamos ya en el tramo final del territorio declarado Patrimonio Mundial. Se siguen sucediendo las fortalezas. Al restaurado castillo de Soonek sigue el de Reichenstein, uno de los más antiguos del Rin Central, que pasó a manos de los arzobispos de Maguncia y luego decayó por mor de guerras y abandonos, hasta que en XIX se reconstruyó con aires más romanticos que historicistas.
Luego llega Rheinstein. Originalmente la fortaleza se llamaba Fatzberg, pero un principe prusiano compró sus ruinas en el siglo XIX y lo recostruyó tambien con aires góticos. De paso, le cambió el nombre. Un excelente mirador.
La ruta llega al fin. Antes de llegar a Bingen, aparece a la izquierda la Mäuseturm, con la fortaleza de Ehrenfels, en la margen oriental del río.
Bingen, la Bingium romana, es el final. Allí está el Niederwald, erigido en 1883 para conmemorar la unificación de los estados alemanes. Allí, la estatua de Germania de 10 metros de altura, domina el valle del Rin. Mantiene la corona imperial en la mano derecha y la espada en la izquierda, dominando un paisaje sobre los viñedos. Al fondo la región de Rheingau, famosa tambien por sus vinos.
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